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FILOSOFAMOS PORQUE SUFRIMOS PDF Imprimir E-mail
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¿Por qué el sufrimiento? una pregunta que tortura a muchos, hasta hacer concluir que carece de respuesta. Ahora es muy común escuchar en un programa de televisión la frase: “Pare de Sufrir”, es interesante como se utiliza para mercadear o invitar a qué ¿a dejar de sufrir?. Pero ¿Cómo dejar de sufrir? Si la vida revela, incluso a los más afortunados, la experiencia del sufrimiento. Unos más otros menos pero nadie está a salvo del dolor. Quien teme al sufrimiento, teme lo que necesariamente habrá de alcanzarlo, tarde o temprano. Cuando alguien sufre es muy común escuchar la exclamación tan famosa que se ha llevado todos los oscares: "¿Por qué tuvo que pasar esto?" pero cuando alguien gana la lotería, nadie exclama "¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí?"; claro, porque sentimos que el placer nos corresponde naturalmente.

Algunas religiones juzgan que el sufrimiento es un castigo de los dioses, análogo al castigo que el padre inflige al hijo. En base a esto es posible pensar que el sufrimiento no es un desvío en la autopista del placer sino su polo opuesto. Día y noche, femenino y masculino, frío y caliente, placer y dolor. Sufrimos porque hemos gozado. No como castigo por haber gozado. Como dijo Lao-Tzé: "Sólo reconocemos el mal por comparación con el bien". Y Platón en el Fedón: "¡Qué extraña cosa, amigos, parece ser eso que los hombres llaman placer! ¡Cuán admirablemente está relacionado por naturaleza con lo que parece ser su contrario, el dolor! No quieren presentarse los dos juntos en el hombre, pero si alguien posee uno de ellos, casi siempre está obligado a poseer también el otro, como si estuvieran atados por una sola cabeza, a pesar de ser dos". Algunas filosofías -entre ellas la de los estoicos más radicales se dijeron: "Si el placer suele venir de la mano del dolor, extirpémoslo como si se tratara de un cáncer. Si no gozamos, tampoco sufriremos".

Existen factores que contribuyen a agudizar el sufrimiento. El factor sorpresa, el cambio de hábitos, el horror al sufrimiento. Pero la filosofía nos enseña que el sufrimiento no es sólo personal, que hay razones que no son individuales y que estructuran nuestro sufrir, cualquiera que sea el factor o la razón; nos echan del trabajo y además del sueldo extrañamos el almuerzo compartido con los compañeros. Nos separamos de nuestra pareja, y parte del sufrimiento que padecemos obedece a que extrañamos los innúmeros rituales compartidos a lo largo de los años, esos amados ritmos que en su momento nos hicieron optar por lo bueno conocido. Un ser querido que jamás tuvo dolencias cardíacas muere joven de un ataque al corazón; un amigo nos traiciona, etc.

Diversas corrientes de pensamiento -entre ellas el estoicismo y el budismo- confluyen en subrayar la necesidad de aceptar las circunstancias adversas y el dolor. Aceptar el cambio, incluso si es doloroso. Aceptar que el dolor es parte de la vida. Sufro, entonces existo. "De hombres es sentir los males, y flaqueza no sufrirlos", dice un refrán popular.

Por eso querido amigo, filosofamos porque sufrimos, porque entristecemos y nos angustiamos. Los problemas desentierran al filósofo que todos llevamos dentro. Aún quien no sabe que filosofa, filosofa cuando sufre. El budismo y el estoicismo son dos filosofías que enseñan a adaptarse a los cambios. "¿Hay algo en el mundo que esté al abrigo de los cambios? La tierra, el cielo, toda la inmensa máquina del universo no están exentos de cambios".

El bienestar incluye necesariamente el dolor y la existencia de problemas, y el sabio será feliz aún si le faltan los bienes externos. Entonces ¿Cómo aceptar el sufrimiento? Del mismo modo que se habla, se camina, se construye una casa o se maneja una computadora: “aprendiendo”. La virtud no es un don de la naturaleza: se aprende, se entrena y se enseña. Quienes no están habituados a enfrentar problemas o a sentir dolores, a menudo ceden ante el más ligero contratiempo.

San Pablo habla de diversos sufrimientos y en particular de los que se hacían partícipes los primeros cristianos «a causa de Jesús». Tales sufrimientos permiten a los destinatarios de la Carta participar en la obra de la redención, llevada a cabo mediante los sufrimientos y la muerte del Redentor.  Cristo nos ha introducido en este reino mediante su sufrimiento. Y también mediante el sufrimiento maduran para el mismo reino los hombres, envueltos en el misterio de la redención de Cristo.

"Nadie me parece más desgraciado que el que nunca experimentó una desgracia. Piensa que entre los males que parecen tan terribles, no hay ninguno que no podamos vencer, ninguno sobre el cual no hayan triunfado los grandes hombres.

¡Sepamos triunfar también nosotros sobre algo!" … (Séneca)

 

 

Por: José Guillermo Tejada

Licdo. en Filosofía y Religión

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